Recordar: ¿Conducta o proceso cognitivo?

A lo largo de las últimas clases, hablamos de amnesia, definiéndose como un trastorno cuantitativo de la memoria que disminuye la capacidad de almacenar información. 

Dado que además, surge el debate de “qué es conducta”, me ha parecido muy interesante aplicarlo al proceso de recordar. 

A priori, es innegable que la distinción entre conducta observable y procesos cognitivos es fácilmente entendible para todos, pero entenderlo todo como conducta no resulta tan sencillo. ¿Es, por tanto, el conductismo una perspectiva alejada de la realidad, opuesta al resto y la cual niega la existencia de algo crucial dentro de la Psicología, como pensar, razonar, sentir o recordar, considerados comúnmente la “causa” de la conducta observable? 

En primer lugar, comienzo definiendo conducta como todo aquello que lleva a  cabo un organismo vivo, como consecuencia de la interacción de sí mismo con su entorno (Skinner, 1938). Es, por tanto, una propiedad relacional. 

Imaginar o emocionarse, del mismo modo que correr o saltar, son verbos, formas de llevar a cabo distintas acciones, ya sea de manera cognitiva, motora o fisiológica. Esto último, nos permite diferenciar entre conductas privadas y conductas manifiestas, pero por el hecho de que una conducta no sea observable no implica que deje de serlo, y mucho menos que pase a ser una causa de la misma. 

Por ejemplo, un niño, cuando aprende a contar, comienza usando los dedos, pero posteriormente alcanzará ese cálculo “mental” del adulto. La única diferencia que podemos encontrar es el carácter público o privado, pero sigue siendo contar (Freixa i Baqué, 2003). Por ende, el único problema es la falta de accesibilidad por parte del observador, lo cual no es suficiente para hacer esa marcada distinción entre procesos mentales y conducta, pasando a ser categorías radicalmente diferentes, incluso en ocasiones pasando a ser una la causa de la otra. (Baum, 2011)

Algunos consideramos que un niño ha resuelto una operación porque ha hecho un cálculo “mental”. ¿Es esa la causa? ¿Se nos ocurriría también decir que la parte oculta del iceberg constituye la causa de su parte visible? Su división por la frontera de flotación no nos lleva a asumir que son dos cosas diferentes, y, para explicar el iceberg, recurriremos a otros conceptos como temperatura o densidad.  Lo mismo ocurre con el organismo. La frontera de la piel no tiene la capacidad de generar dos fenómenos diferentes. Los procesos cognitivos, lejos de ser la causa de la conducta, son también conductas, y puede explicarse recurriendo a la interacción con el entorno.

Pongo otro ejemplo que a mi parecer es muy claro. Supongamos que alguien dice “las piedras caen por su propio peso”. ¿Está el peso dentro de la piedra, pertenece a ella? Lo cierto es que el peso es una propiedad relacional (P=mxG), es una interacción de la masa (que sí es una propiedad de la piedra, al igual que el volumen), y la gravedad. Pero la gravedad no será la misma, por ejemplo, en la Tierra o en la Luna. 

Aplicado al ser humano, podemos decir que nuestras estructuras son internas, hay ciertos fisiológicos que también, pero los procesos mentales no. Estos últimos son una interacción con el ambiente, una propiedad relacional.

En consecuencia, recordar es conducta. No retomamos algo almacenado, sino que reconstruimos en el presente, basándonos en información pasada. El contexto favorecerá o dificultará ese recuerdo, y, en tanto que influye en contexto, evidencia que es una conducta. Es decir, un sujeto, cuando recuerda se está comportando. Nos comportamos constantemente (Baum, 2011).

Recordar, como variable relacional, no ocupa lugar, no está dentro ni fuera del organismo, es una interacción. No puede explicarse por sí misma sin la interacción de variables externas. 

Conclusiones

La realidad es que el conductismo radical no niega la existencia de “procesos mentales”, sino que cambia la terminología, diferenciando entre conducta manifiesta y conducta mental. Y eso es importante, saber que lo mental es también conducta, interacción del organismo y su ambiente, y no es algo intrínseco al ser humano (Freixa i Baqué, 2003).

Ahora bien, ¿están tan alejadas las diferentes perspectivas en Psicología o es simplemente una falta de consenso a nivel de terminología?

Referencias bibliográficas

Baum, W.M. (2011). Behaviorism, private events, and the molar view of behavior.   The Behavior Analyst, 34, 185-200.

Freixa i Baqué, E. (2003). ¿Qué es conducta? Revista Internacional de Psicología Clínica y de la Salud, 3(3), 595-613.

Skinner, B.F. (1938). The behavior of organisms. New York: Appleton-Century-Crofts.

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